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Silió

Está situado a una distancia de 2,5 km de Molledo y tiene una altitud de 265 m; su población es de 655 habitantes, de ahí que pese a estar apartado de las carreteras principales, sea el más poblado del valle. Se reparten entre Silió (574 habs.) y el barrio de Santa Marina (81 habs.). Destaca de su arquitectura la iglesia románica de San Facundo y San Primitivo, declarada Monumento de Interés Histórico Artístico el 23 de abril de 1970. Su arquitectura civil también reviste interés, entre ellas se cuentan la casa de Tagle, del siglo XVII, y la casa y torre de Obregón, del siglo XVIII.

Según algunos estudios el nombre del pueblo, proviene del vocablo celta “silom” que significa: semilla o montón de semillas. Una segunda teoría la podemos encontrar en la palabra también celta “sil” que significa torrente. Por lo tanto Silió aludiría a lugar de torrentes. Otra teoría expuesta por Adriano García Lomas y su relación con el término “Sel” campo fértil o lugar donde se refugian los ganados. Esta palabra está relacionada con el término del Euskera “Zelai” con el mismo significado. Hay quien lo relaciona con el nombre propio de un legado romano participante en las guerras cántabras pero esta teoría no posee unas bases sólidas.
Además y respecto a lo natural, es la puerta hacia el Monte Canales. En el barrio del campo encontramos el que quizás sea el escudo más llamativo del pueblo con la siguiente inscripción.:

“DE TESTIGOS FALSOS LIBRANOS DÓMINE…SIENDO JUEZ EL SEÑOR DON DIEGO LLATA”.

Acerca de sus habitantes se suele decir: “eres más burro que los de Silió…que subieron el burro al campanario”. Esta afirmación si bien parte de un suceso constatado no fue realmente así. Antiguamente por las fiestas de San Facundo y San Primitivo (27 de Noviembre), los Mozos formaban una torre con los “rodales” de las carretas que conseguían por el pueblo. Esta “pirámide” era construida en la plaza de la “Reguera” junto a la Iglesia. Coincidió que por esas fechas un Comerciante pasó por el pueblo para vender pimentón dada la cercanía en fechas de la matanza del cerdo. Un grupo de Mozos se encargó de pasearle por todas las tabernas, mientras otros pintaban al negro borrico que traía de un blanco impoluto. A continuación, lo ataron por las patas encaramando al animal en el rodal que formaba la cúspide de la torre. Cuando el “Pimentonero”, después de secar todas las barricas, preguntó por su compañero de viaje; la gente le dijo que le habían subido a la torre, entonces el hombre matándose con la razón respondía que no, que el suyo era negro y aquel era blanco. Tal fue la fama de dicho relato que trascendió los límites del pueblo, del valle e incluso de la región. Como suele ser habitual cada interlocutor añadía su parte a la historia con lo que esta terminó deformándose y en lugar de explicar la desconocida tradición de la torre de rodales explicaban que tuvo lugar al lado de la iglesia. Con el tiempo el mito derivó en que los mozos subieron el burro al campanario (por cierto únicamente tiene espadaña). Para añadirle más sorna al suceso, alguno contaba que era con objeto de aprovechar los tiernos brotes de hierba que brotaban en lo alto; mientras que el animal a medio camino sacaba la lengua no debido a la soga que lo apretaba, si no relamiéndose de tan apetitoso bocado.