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De Interés

Iglesia de San Facundo y San Primitivo (siglo XII)

La iglesia románica de San Facundo y San Primitivo, del siglo XII, es indudablemente el monumento románico más destacado del Valle de Iguña. Sabemos que ya en 1068 y en 1119 existía como monasterio de advocación a los santos señalados. Este templo, a pesar de las numerosas reformas que ha sufrido, conserva la traza y elementos decorativos genuinamente románicos. En 1068, Sancho II lo donó a Oca, y en la segunda la reina Urraca, a quien debía pertenecer, lo entregó a la Catedral de Burgos. Esta es una fecha muy consecuente, pues sus características no repugnan en absoluto tal cronología.

Parece que consta su fundación en el año 938. Y poco más sabemos de su historia. Durante la guerra civil se quemó su interior sufriendo gran daño los capiteles del ábside. Es iglesia de una sola nave que fue reformada posteriormente. Conserva, sin embargo, su puerta primitiva del lienzo meridional de estructura románica, anticipada del muro, y, en el tejadillo, los canecillos románicos.

Lo más interesante de la iglesia y lo mejor conservado exteriormente es el ábside, de muy buenas proporciones y con organización bastante primitiva. Se divide en tres calles separadas por altas columnitas cuyos capiteles forman en la línea general de la cornisa. Tres bellos ventanales, los tres con guardapolvos de taqueado jaqués y arquivolta de bocel, nos ofrecen a primera vista esa sensación de aproximarse en estilo al románico de peregrinación. Los capiteles están también tocados de arcaísmo. Hay temas como el de los obreros portadores de caldero, que ocupa un capitel de la ventana izquierda, que es repetido en edificios románicos de la prima mitad del siglo XII. Muy rica es también la serie de canecillos que sostienen la cornisa, con temas muy diversos, sobre todo de tipo animal, algunos de rollos y volutas, y otros iconográficos con arpista, cargador de bidón, hombre y mujer desnudos, etc.

El interior vuelve a ofrecer su mayor interés en el ábside que lleva en todo su recorrido -incluido el presbiterio- arcaduras bajas (nueve), de medio punto, con guardapolvo de billetes. Todos apoyan en capiteles historiados, de la misma mano de quien talló los exteriores, y otros de piñas, pelícanos, etc. La acción directa del fuego ha provocado la rotura desgraciada de muchos de ellos.

La cronología de la iglesia de Silió puede correlacionarse con la de la pequeña iglesia de Pujayo (hoy trasladada a Molledo-Portolín) fechada en 1132. El maestro cantero que esculpe sus capiteles es el mismo que trabaja en Silió. Hay que rechazar los repetidas cronologías más modernas.

Museo de la Vijanera

Desde los inicios de la Asociación, uno de los principales objetivos ha sido el conseguir un espacio expositivo permanente para poder dar a conocer la fiesta al mayor número de personas posible. En un primer momento las Aulas de la asociación cumplieron dicha función pero el espacio era pequeño y no se disponía de una persona dedicada a mostrarlo. En 2005 gracias al programa Leader+ de la Unión Europea se empezó por adecuar el edificio que albergaría el futuro centro de interpretación.

El lugar elegido fue la ermita de Santiago, situada en el centro del pueblo y propiedad de las Duquesa de Santo Mouro y Marquesa de Santacruz. El primer paso fue la donación del edificio al pueblo de Silió siempre y cuando fuese utilizado para los fines culturales previstos. A continuación se procedió a restaurar el mismo con los fondos europeos y de la consejería de obras públicas y vivienda del gobierno de Cantabria, ascendiendo el montante del presupuesto para su rehabilitación a 190.000 €. El segundo paso se dio el 13 de Octubre de 2006 con la publicación de las bases para el diseño, ejecución, suministro e instalación de los elementos museográficos. . En él se pueden encontrar doce de los trajes más representativos de la mascarada, además de caretas de las primeras Vijaneras, fotos antiguas, utensilios utilizados… En una pantalla central se exponen videos tanto de los preparativos, como de la fiesta en sí, además de documentos de las primeras Vijaneras. Por último una pantalla táctil permite conocer la fiesta de modo totalmente interactivo. En el se pretenden mostrar los principales valores de la fiesta, de la manera más fácil e intuitiva, de modo que sea accesible para todos los públicos. Viene a cumplir una función demandada desde hace tiempo por los Vijaneros como es la de servir de guía o referente para cualquier persona venida de fuera y que no haya podido presenciar la fiesta in situ.

Yacimientos (Castro Cántabro y Campamento Romano)

Durante el año 1996, dentro del “Proyecto de investigación sobre los castros de la Edad de Hierro de Cantabria”, se procedió a la exploración y prospección sistemática de la mayoría de las sierras que separan los valles de Saja, Besaya y Pas. El resultado de esta campaña de prospecciones fue la localización de una serie de asentamientos castreños de gran importancia en las alturas y en los cordales que dominan estos valles centrales de Cantabria, así como el descubrimiento de un complejo militar romano de las guerras cántabras de una importancia excepcional.

Pese a no pertenecer estrictamente al territorio de Silió, estos restos se encuentran dentro de su área de influencia.

– Castro de la Espina del Gallego. Castillo Pedroso –

 

Se encuentra en la Espina del Gallego, monte de la sierra que forma la divisoria entre los valles de Toranzo e Iguña, está a 968 m. de altitud y se asienta en un estrechamiento de la sierra. Entorno a la cumbre hay un recinto interior o acrópolis de forma alargada y vagamente triangular. Está delimitado por los restos bastantes claros de dos líneas defensivas concéntricas, una tercera muralla exterior completaba las defensas del emplazamiento, guarneciendo los flancos Sur y Oeste del castro, mientras que las laderas Norte y Este disponen de un solo amurallamiento que reforzaba las abruptas pendientes naturales existentes en esos sectores. De la gran muralla exterior queda un considerable canchal de derrumbe y algunos lienzos. La anchura original de dicha muralla (en aquellos puntos donde ha podido ser medida) oscila entre los 2,50 m. y los 2,60 m.

La singularidad de este castro estriba en que en él han aparecido las primeras evidencias arqueológicas de las guerras Cántabras, así como en que está rodeado de campamentos romanos de campaña.

Todos estos asentamientos castreños vienen a confirmar que los cántabros habitaban en los montes y que los romanos los obligaron a bajar al llano tras vencerlos. Los sondeos practicados en este castro, se centraron en el gran edificio alargado de la acrópolis, en la línea de muralla exterior y en las zonas situadas junto a la tercera línea de muralla interna, al igual que en las zonas llanas existentes entre la segunda y la tercera muralla.

1. Muralla exterior (área 6)

En el sector sur del canchal de derrumbe de la línea de muralla exterior afloran algunas hiladas de bloques de arenisca del muro original.

Una vez retirados los bloques de derrumbe de la muralla hasta los cimientos, por la cara exterior quedó al descubierto un lienzo de seis hiladas que alcanzaba una altura de 1,20 m. Los bloques, de mediano y gran tamaño, son de arenisca y están trabados a hueso. La Base de la muralla está formada por una cimentación a base de cuñas de piedra encajadas que sostienen el muro, sistema de constructivo del que no se conocían paralelos en otros castros cántabros de la Edad del Hierro.

Es difícil calcular la altura original de la muralla, pero a juzgar por el canchal de derrumbe, tuvo que alcanzar como mínimo una altura de 1,60 m. ó 1,70 m. de alzado de piedra, altura que se vería acrecentada en la parte superior con defensas de madera tipo empalizada. Esta línea exterior de muralla es más potente que las otras dos líneas internas. Dado que está protegiendo únicamente el castro de un ataque desde el Sur por la sierra o por la ladera Oeste.

2. Sondeos junto a la tercera muralla (área 3)

En el derrumbe de la tercera muralla interna, en la ladera Oeste de la Espina del Gallego, se observa en superficie un muro de posible edificio adosado a la cara interna de la muralla. No se consiguió localizar una hilada de muro clara o restos de vivienda, pero apareció al retirar los bloques de derrumbe un clavo de hierro de sección cuadrada con oxidación muy antigua.

3. Barracón de la acrópolis.

Norte del Edificio (área 1): En la cima de la Espina del Gallego se aprecia en superficie un gran edificio estrecho y alargado similar a los barracones militares romanos.

De esta zona procedía uno de los hallazgos de superficie más significativo, un denario republicano acuñado por la familia Mussidia Iulia. No lejos de esta misma zona, aunque ya fuera del edificio estrecho y alargado, se había encontrado otra pieza singular, una punta de hierro de sección cuadrada de un pilum catapultarium, elemento muy característico de los campamentos romanos o de lugares donde ha habido guarniciones o presencia militar romana, de época republicana y de comienzos del principado de Augusto.

La estructura interna del edificio: se comprobó la existencia de un encachado muy irregular de losas de piedra arenisca, en el centro del pavimento de losas del edificio, se localizó un agujero de un poste de madera, está rodeado en la parte superior por pequeños bloques de piedra para calzar el poste.

Centro del Edificio (área 4): La anchura del edificio es de 4,90 m., los muros, a base de bloques y sillares superpuestos sin elementos aglutinantes, tienen una anchura de 65 ó 70 cm. Sobre el encachado apareció un objeto alargado de hierro de 20,5 cm. cuya funcionalidad no se conoce todavía. Sur del edificio (área 2): En esta parte del edificio se aprecia un ensanchamiento que pudiera corresponder a la estancia de los oficiales de la unidad.

Conclusiones sobre el barracón:

Se trata de una construcción que desde el muro norte hasta la cara sur del ensanchamiento mide 83 m. de largo por unos 4,90 m. ó 5 m. de anchura.

El interior, cubierto de un rústico enlosado, llevaba en su parte central una línea de postes de madera que sostenían una techumbre a dos aguas. Este barracón es el edificio romano más antiguo de Cantabria y todo indica que fue construido tras la toma del castro cántabro con la finalidad de dejar en él una guarnición de vigilancia. La data cronológica que nos proporciona el tesorillo de denarios encontrado en el interior del edificio lo sitúan sin ningún género de dudas en las guerras cántabras del período Augústeo. Estos denarios, típica paga de legionarios y de auxiliares del ejército romano, son todos del siglo I A.C., salvo uno de finales del siglo II A.C. sin llegar a sobrepasar las guerras cántabras.

– Campamento de Cildá –

 

Monte situado a 1066 m. de altitud y que domina visualmente el valle del Pas por el Este y por el Norte, así como el valle de Iguña por el Oeste.

Se trata de un campamento romano de grandes dimensiones, está dotado de todos los elementos característicos de la castramentación militar romana de campaña, como fossae, agger, contra-agger, claviculae, etc.. Las dimensiones del campamento de Cildá: mide unos 765 m. de largo entre las defensas del Norte y las del Sur, por 382 m. de ancho entre las defensas del Oeste y del Este, ocupa unas 25 hectáreas, dimensiones que indican con claridad que se trata de un castra maiora que albergó el grueso del ejército que atacó el castro de Espina del Gallego. Es difícil determinar el número de tropas que albergó en las 25 hectáreas de Cildá, teóricamente podrían haber contenido a unos 29.000 hombres. Parece más probable que las tropas legionarias ocupasen únicamente el recinto campamental central, cuyas 5 hectáreas, considerando que cada legionario romano ocupase 8,4 metros cuadrados, podían alojar precisamente unos 5.000 hombres en tiendas de campaña (una legión) y que los auxiliares ocupasen la cómoda zona suave pendiente de la ladera Sur, que tiene 4,4 hectáreas en las que pudieron acampar cerca de 4.000 auxiliares.